Mi pesadilla nocturna

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2 comentarios en “Mi pesadilla nocturna

  1. En cierta ocasión pare en un pueblito que debía de tener pocos habitantes, estaba bastante aislado en la montaña, lejos de la ciudad y cansado de recorrer kilómetros aparque para comer y descansar un poco. Había tres perrillos de bastante mal aspecto tumbados y al bajar del coche uno de ellos se puso a ladrar. Me agache para apretarme el cordón de mi zapato e inmediatamente los tres salieron como Alma que lleva el diablo…
    Me llamo la atención su maniobra y me quede pensando, ¿quién les había asustado si no vi a nadie?
    Repase lo que hice y solo fue mi gesto de agacharme el que obligo a salir a la carrera a aquellos famélicos habitantes caninos. Una vez dentro del pequeño bar volví a verlos, regresaban a su lugar mientras olisqueaban el coche a su alrededor. Pensé si habría atropellado a algún animal sin darme cuenta, no se, un pequeño conejo, un ratón, me sorprendía su actuación.
    Mientras miraba me dijo la mujer de la taberna; no se preocupe no hacen nada, son el recreo de lo chiquillos del pueblo, los tienen amedrentados, juegan con ellos, corren tras ellos, les tiran piedras, tienen más miedo que vergüenza.
    Yo dudé si se refería a los perros o a los chicos. Cuando regresaba al coche de forma intencionada me agache e hice como que me ataba el zapato y de repente salieron corriendo.
    Me quedo claro que estaban muertos de miedo y que asociaban mi postura a la que reconocían como peligrosa, pensando quizás que me agachaba a recoger una piedra del suelo.
    El miedo es libre, pero tenemos la obligación de observar si reaccionamos realmente a una situación peligrosa. Ellos desde su instinto lo hacían de forma automática, pero nosotros tenemos a nuestro alcance otros medios más sutiles. Nada vamos a perder si dejamos que se agachen quizás no sea una piedra esta vez, quizás sea que depositan un plato de comida, pero ellos no lo sabrán hasta desaparecer.
    Deberíamos ser más valientes, arriesgar, porque no todos somos iguales, confiemos sin entrar en adicción o costumbre respecto a aquello que nos gusta o nos recuerda.
    Esta vez abramos los ojos y estudiemos el panorama, pues al final si resulta o no, como deseamos, solo el tiempo lo conoce y nuestro deber es vivir el día a día, minuto a minuto. De esta forma el que se sorprenderá y asustara será quien no va con buenas intenciones.
    En fin, disculpa esta historia, pero tus frases me hicieron recordar que la mayoría de las veces las apariencias engañan y que debemos profundizar más en lo que no se ve y en cambio, se siente. Gracias y un beso.

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