Anda, confía en mí

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20 comentarios en “Anda, confía en mí

  1. SOMNIS DE LLIBERTAT

    [Voy a confiarte algo:
    Mis sueños, la libertad, la que me falta, pues toda libertad empieza por uno mismo, la libertad del individuo. Y creo que yo con ésta debí nacer.]

    Me encontraba en un tren, destino: Universidad de arquitectura, lugar: a medio camino (las costas del garraf).

    A mediodía el tren pasa justo por allí en el momento preciso en el que el sol le da una especial luz a las aguas del mar. Si te sitúas en la parte derecha del vagón posiblemente verás, en ventana panorámica y al borde del acantilado por donde pasa la vía, una de las más espectaculares visiones del gran azul.

    Al fondo un velero. Y a mí, justo en ese preciso instante, la visión me atraviesa de los ojos al cerebro, transformándose en idea, para acabar estacionando en el corazón convertida ya en amor. Así repentino, sin aviso y sin piedad.

    ¿Qué diablos estaba yo haciendo en ese tren cuando yo donde querría estar es en el velero?

    Podría decir que si fracasé en el intento de pasar la fase selectiva fue por las seis horas de clase más las cinco de trabajo. Pero sería falso, pues yo sé muy bien de mis capacidades cuando algo quiero de verdad.

    Si hoy no, más de un día sí lo hice (mentirme). Me encontraba en uno de éstos, una tarde, en el despacho de Ricardo Bofill contándole mis penas y “no puedos” a la persona más increíblemente savia que yo jamás he conocido en persona: Juan Carlos del Callejo, mi jefe.

    Sí, no es broma, en los descansos del ir a comer lograba siempre un reunirnos ante él y que todos le escucháramos sin abrir la boca más que para preguntar de vez en cuando.

    Nunca me negó sentir una cierta predilección por mí, y así me lo aseveran las incontables horas que me dedicaba, en el despacho ya, sólo para hablar conmigo y yo con él. Fantásticas horas. Argentino tenía que ser.

    Pues bien, me contaba él algo así como que las matemáticas (mi eterno problema) eran mi cruzada.. y en esas del no creer demasiado en mí mismo de aquel entonces, que yo le comento algo así como:

    – Fíjate si soy estúpido, que en vez de centrarme en ello sólo pienso en lo que me pasó en aquel tren.

    Y le cuento.

    Podéis creerme, le cambió la cara y el discurso. Me dijo que no sólo no era ninguna estupidez sino que nunca jamás debía ignorar aquellas llamadas, las llamó él. El día siguiente me regaló un libro: “Navegando en solitario alrededor del mundo” de Joshua Slocum.

    Suspendí las mates, una asignatura y por una décima. Y a la calle por tres años. Con el miedo que yo tenía de suspender, con los qué haré yo y con los no seré nadie en la vida de aquellos tiempos.

    Entendí sólo entonces, en ese preciso momento, que no me importaba en absoluto. Y desde un despacho de arquitectura en Reus, más modesto éste, sin pretensiones artísticas, dedicado sólo a la producción, pero de importante talla para el lugar, ya no pude hacer más que soñar en una cosa: mi velero, mi sueño, mi anhelo, mi meta, mi cruzada, mi libertad.

    Diez horas diarias dibujando en el trabajo y cinco para perseguir. Descubrí, no sin sorpresa, un talento que no sabía poseer. Todos aquellos “inventos” de niño, aquellos desmontar objetos para “estudiar” sus piezas, aquel interés por descubrir, aquellos dibujos y aquella pasión por conocer.. me habían hecho, de mayor, un inventor.

    Digo cinco horas diarias y miento porque ni las contaba, era a todo momento, sin descanso. Día y noche pensando cómo, de qué modo y con qué conseguir la forma de ganar mi barco y mi libertad. La libertad de este sistema que ni entiendo ni quiero entender.

    Mi vida es mía como lo es mi tiempo. El único que yo pueda aseverar que se nos concede, y mía es por tanto la decisión de lo que vaya a hacer con él. Sin más.

    Como colgaste por aquí, princesa de la palabra: Cada uno elige en el infierno que se quema.

    Largos años dedicados exclusivamente a la lucha por generar la riqueza necesaria para comprar mi libertad. Sí, lo siento voy a responder a la eterna y crispante pregunta:

    ¿El dinero te da la felicidad?

    ¡Menuda estupidez! El dinero te da la libertad, no ésa que nace del libre pensador, no, ésa es gratis. La otra libertad.

    El día tiene 24 horas, si las fraccionas en 3: [24 / 3 = 8] = [8 + 8 + 8 = 24]

    Hasta ahí llego.

    Con suerte: ocho horas para dormir, ocho para trabajar y las otras ocho no son libres en absoluto. Debes comer, vestirte para el trabajo, el camino..
    Cinco días a la semana. Los otros dos no te vayas demasiado lejos porque los lunes vuelves, no te pases con lo que haces o no llegarás a final de mes..
    Realmente nuestros son 30 días cada año. Y todo esto con suerte, claro.

    No digo que el trabajo sea malo. Quien ama realmente lo que hace, quien no haría otra cosa a pesar de tener todo el dinero del mundo.. ya es libre. Pero quien no, sabe a qué me refiero.

    Si pienso así.. si no me adapto y no quiero hacerlo.. ¿qué hago? ¿me lamento? ¿o soy consecuente?

    ¡Me la jugué! Llegó la crisis y los despidos y no busqué trabajo. Cogí la pasta y me dediqué casi exclusivamente a generar ideas, salvo por ocasionales horas dibujando sin contrato ahora (el último mohicano de lo que fue aquel despacho). Lo hice, no sin acojonar a toda mi familia:

    – ¿Qué hace este tío, sin buscar trabajo? (les supongo)

    El antisocial que no se adapta, el rebelde de siempre. Que no atiende a consejos ajenos y hace siempre lo que le da la gana. El que no ve los riesgos. Hay que hacerle comprender, tiene que cambiar.

    Una vez vi por televisión a un inventor al que le preguntaban si se había hecho rico y contestó algo así como:

    – No, pero es la pregunta más frecuente. Ser inventor se parece a ser escritor en el sentido que un escritor puede escribir toda la vida para ir comiendo. Luego existe quien escribe Harry Potter y se forra.

    Yo no tuve esa suerte, ni la una ni la otra. Y eso que lo conseguí. Después de siete largos años entre ideas, bocetos, dibujos, fracasos (innumerables) y pobres prototipos que apoyaban o no mis ideas, encontré entre unos cuantos buenos diseños aquel que buscaba.

    Sin dinero para patentar no pude enseñar jamás mis creaciones y mucho menos aquella. Ni siquiera para pedir financiación, que por otra parte quería conseguir yo mismo, con mis medios y no pude.

    Entonces, y por diferentes flancos, la Fatalidad del Fracaso me golpeó con la fuerza más brutal el golpe más duro que yo había tenido que encajar jamás. En forma de exclusión social durante dos años.

    Arruinado, aprendí a sobrevivir alimentándome con cuarenta euros al mes. Los dos años siguientes están resultando algo mejor (sigo arruinado), pero algunos han entendido ya que no voy a cambiar. No cesaré. Lo consigo o muero en el intento.

    No quiero compadecerme, no voy a culpar a la crisis. Yo y sólo yo decidí intentarlo, con total conocimiento del riesgo que comportaba. Y lo hice sabiendo que probablemente iba a tener que encajar una derrota de la que todo aquel que se aferra a la seguridad del sistema huye.

    No voy a compadecerme. Déjame que te diga que el mundo no nos debe nada. Si no lo conseguimos por nosotros mismos es sólo que no lo merecemos. No fuimos capaces. Sólo tenemos derecho a encajar el golpe como nosotros queramos. Créeme, yo lo sé.

    No busco compasión, no la quiero, de nada me sirve. Además prometo que nunca jamás, en toda mi vida, había sido más fuerte de lo que soy hoy. Derrotado por fuera sí, pero invencible por dentro.

    Hoy tengo 38 años, 13 más de los que querría tener. Jamás había odiado ese número, lo juro. Me gustaba.

    [Princesa:
    Sí me pasó algo. Mi tren descarriló, me escupió y me dejó tirado en el suelo. Y fue entonces cuando vi una luz que procedía de una ventana de éste, creí que sería el vagón del bar y entré. Descubrí que era mi equipaje, mi orgullo que ardía sin remedio.

    Mejor así. Voy más ligero.

    No quiero prometerte poder llegar por no mentirte. Levántate de ese banco de pino de verde, lo siento en el alma mi amor, no creo poder llegar.

    Quiero que te quedes conmigo, si pero así, etérea, en forma de luz. Sólo por eso todo tiene sentido.]

    David Mayoral

    1. Me encanta como escribes, creo que tienes un don, me he permitido leerte con sosiego, con un café con nata y un cigarrro, y me gusta mucho cómo piensas y cómo sientes, veo que tenemos muchas cosas en común y me gusta que quieras compartirlo conmigo, gracias.

      1. Vaya, y ahora descubro esto..
        al final me caerás bien jajaj
        Gracias, pienso exactamente lo mismo de ti, por eso la fiebre.. 😉

        Si te digo la verdad.. cuando era jovencito si escribía.. no sé.. serían tonterías supongo..
        Pero desde entonces, aparte de las letras de 11 canciones (que guardo en secreto y con sumo orgullo) no había escrito en mi vida.

        Que me digas eso me halaga un montón.

        1. Todos tenemos algo que nos inspira… a veces son personas, otras música, poesías… cada uno tenemos nuestras musas y si he sido yo la que te ha evocado o despertado algo, evidentemente es un honor. Gracias porque lo tomo como tal.

    1. Aaah! Ahora entiendo!
      No lo había visto.

      Te agradezco mucho tu mano tendida compañero. Y no dudo en absoluto de tu buena y desinteresada acción.

      Te prometo pensar en ello y darle la justa importancia que se merece.

      Supongo que nunca has conocido a alguien como yo..

      ¿Dices que estás dispuesto a aprender?

      Pues tú mira, mira y aprenderás.

  2. Intuyo que detras de tus palabras se esconde cierto sarcasmo. Pareces burlarte de mi.
    Evidentemente es lo que me transmiten tus palabras. No llego a netenderlas como quizas merecen.
    Quizas estas en lo cierto y debo seguir mirando. Quizas nunca he conocido a nadie como tu, o eso es lo que tu crees, pues demuestras ser mas comun de lo que imaginaba.
    En cualquier caso siempre he tendido mi mano y claro esta que hay quien se agarra a ella y quien por miedo y prejuicios la desprecia, pero no es asunto mio, sino de la otra persona. Tienes la libertad de valorarlo como quieras, desde TU justa medida, desde tu juicio.
    Si no he sabido entender tu mensaje te pido disculpas, las tuyas no ofenden, me ayudan y lo que es mejor te dan a conocer. Gracias y un abrazo muy sincero.

    1. En serio chico, si en algún momento hemos opuesto en algo, no es para nada mi intención..
      Valoro lo bien que escribes y por supuesto a tu persona.
      Lo dejamos todo pues, si te parece, en un mal entendimiento.
      Un abrazo.

        1. Jajaja, ok, ok. Mi palabreo y yo.. Comprendo.
          No estés confuso que no hay para tanto. A veces soy un poco canalla, pero en plan provocador y despreocupado, por no querer tomarme a pecho más que las cosas que creo que importan, sin más intención que la de desconcertar, no te piques tío. Es divertido y sin maldad. Yo paso de aquello que no es mi camino, en serio.
          Pasa de mí.

  3. Ni que decir tendría que para mí lo importante pasa por respetar el camino y sentimientos de los demás. Te aseguro que es sagrado. Lo demás.. ríete, no es tan importante, en serio.
    Respeto por los demás y Carpe diem.

    1. No hay nada de personal hacia ti en mi forma de ser, sólo es mi interés personal.
      Yo te respeto como a cualquiera, sin más.. y sin menos.

  4. Me estoy riendo sólo y me apetece compartirlo, por si te quieres reír conmigo:
    ¿Nos imaginas a los dos en un bar contándonos las penas y buscando en la copa? Nunca se sabe.
    ¿Crees que discutiríamos por la copa más brillante? Jajajajja.
    – Me la ha puesto a mi..
    La vida son dos días amigo, compañero, colega de palabras, pensamientos y demás.
    Disfrutemos juntos, si tú quieres de nuestras copas y deseemos y deseémonos que estas sean eternas. ¿Qué te parece?

  5. Últimamente no doy pié con bola tío, hoy me hablaba la gente y no escuchaba la mitad, la clienta tocándome más de lo que es normal en alguien que no conoces de nada y yo con la sonrisa en la cara. Por eso sería.. jajaja hasta que mi jefe no me ha mirado en plan.. tío.. no me he dado cuenta. jajjaja

    Estoy muy tonto estos días, en serio.

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