HOY TOCAN HUEVOS PARA DESAYUNAR

Un día te despiertas, miras a tu alrededor con los brazos en alto, desperezándote y, casi sin darte cuenta, las cosas que no debían cambiar, esas que te han hecho ser como eres, que creías que serían tus pilares para el resto de tus días, esas… han cambiado.

Tu risa ya no es tu deporte favorito, ya no ves tanto como te gustaría a tus amigos de siempre y, por supuesto, muchas de las promesas que hiciste las remueves cada día con los posos del café.

No has cumplido lo que te habías propuesto, y no hablo de las metas que te fijas cada Año Nuevo, me refiero a esas hazañas que ibas a hacer, a esos objetivos que iban a hacer de ti alguien grande. Tu grandeza se limita al “voy tirando” de la monotonía, aunque te esfuerzas por no ser absolutamente mediocre.

Lo que no ha mutado son tus defectos, al revés, has ganado en vicios, genio y en mala leche, en definitiva, vas sobrada de galones que te hacen ser indiferente.

Si lo piensas bien, nadie se acuerda de ti como tú pensabas, lo triste, es que tú tampoco de ellos, y ha empezado a darte igual, es un plan más que asumes sin discutir como las órdenes de un jefe incompetente. Ya no luchas por lo tuyo, ya no tienes las ganas ni las inquietudes que te hacían especial… parece que alguien te haya encadenado los pies al suelo, o eso, o han secuestrado tus ansías de volar. Tú me dirás…

Pero, estoy bien, no os preocupéis, creo que uno se acostumbra a echar de menos, se vuelve un estado de ánimo, una solución insatisfactoria pero solución al fin y al cabo, una salida por la puerta de detrás, una alternativa que a nadie se le debería ofrecer.

Sí, sigues viva, inundada por las distancias y por los saltos en el tiempo, cada vez que vuelves a tu sitio, tu sitio ya no está ahí, se ha quedado atrapado en el ayer, no puedes volver, porque cuando tú te vas, todo avanza y avanza sin ti, pasa pero pasando de ti, y no puedes hacer un paréntesis para regresar al punto en el que lo dejaste, es tarde, te has perdido cumpleaños, risas y llantos, anécdotas bonitas y recuerdos que no serán tuyos, incomodas infidelidades y secretos que no serán compartidos contigo. Al final lo asumes, creas tu propio espacio, creas otro mundo diferente al que mamó tu memoria cada año y, mirando atrás, te das cuenta del precio tan caro que has pagado, si alguien hubiera intentado advertirme, hubiera pensado que me estaban engañando, pero no, la única que me he engañado he sido yo, por querer aferrarme a un sitio al que ya no pertenezco por propia voluntad, a ver si algún día aprendo, ya va siendo hora de abrir los ojos de una maldita vez.

En fin, qué os voy a contar, será que anoche me acosté con la melancolía y me ha dejado una resaca más agria de lo que la recordaba, no hay quien me quite este mal sabor a despedida de la boca. Voy a meterme en la ducha, a ver si me despejo, me aclaro las ideas y me lavo los pensamientos.

Desayunar

Espera, ¿eso es el despertador? Coño, ¿todo ha sido un sueño o sigo soñando?

Por fin, me despierto realmente, abro los ojos y veo que estás ahí, tus pies rozan los míos, y tu respiración inunda de calma a está necia emocionada… A la mierda el sueño, ahora me acuerdo de por qué estoy aquí, en mi mundo de antes no existías y ahora no quiero, ni me imagino un mundo sin ti.

Y pasó, lo que tenía que pasar… LA VIDA

Así que iba en serio, la vida era esto:

Crecer, decir adiós a muchos sueños en busca de otros, levantarse a las seis y media de la mañana sin que haya un dios que te ayude por madrugar tanto.
Mi reino por unas horas de sueño o por una tregua con el despertador, cinco minutos más por favor, mamá. Ah, no, ya no. No vivo con mis padres, ya no tengo la burbuja con la que me cubría mi madre cada hora del día, ya no me despierto con olor a café, gritos matutinos… ah, ¡qué tiempos aquellos! Sí, tengo total autonomía, pero ya no me despierto con aroma protector ni apelativos cariñosos, aquí nadie me llama Eca, aquí me llaman por mi nombre pero sin tanto amor.

“No es fácil, pero merecerá la pena”. Es lo que me digo siempre para seguir en pie y, joder, ¡qué duro es! Confieso que, a veces, cuando conduzco, se me pasa por la cabeza la idea de conducir 3 horas más hasta mi casa, dejarlo todo y volver, pienso: son sólo 350 km., venga si quisieras podrías hacerlo, recuperar un trocito de mi vida de antes, pero entonces la conciencia, mi voluntad o mi impía responsabilidad interviene y me convence: «no lo pienses, recapacita, no has llegado hasta aquí para retroceder ahora», porque si no ¿de qué vale tanto esfuerzo? ¿Para qué estos 2 años dando lo mejor de mí? «Sí, tengo razón, mejor tiro la toalla otro día…» y aún no sé cómo no lo he hecho.

De vez en cuando, tengo verdadero pánico, de ese que te quita el sueño y las fuerzas, me dan ataques de nostalgia, he llorado muchas veces por no dormir una noche más en casa, añoro tanto algunas partes de mi exvida con mi gente, que me entran dudas sobre si las cosas saldrán como espero o si todo esto no servirá cuando el día de mañana eche la vista hacia atrás. Pero me justifico, tengo que hacerlo, quiero verlo como una inversión en mí misma, estar tan lejos de la gente que me importa, es un precio demasiado alto para el maldito largo plazo que me espera. No valgo para estar sin cada uno de vosotros, soy consciente de que me estoy perdiendo grandes momentos de vuestras vidas y también lo importante, el día a día, vuestras caídas, vuestros éxitos, amores y desamores, roces rutinarios o logros esporádicos. Nos vemos, me los contáis, pero no es lo mismo, sois como una película, lo que me decís no lo he vivido en primera persona como hacía cuando estaba a quince minutos de todo, estos 350 km. me matan. Estoy lejos de lo que me importa en pro de llegar a ser importante, un sueño o una locura, quién sabe dónde acabarán todos estos madrugones.
En fin, no quiero preocupar a nadie, no es para tanto, debe ser que hoy me acuerdo mucho de todos y que os echo de menos para no olvidaros, pero no estoy mal, soy feliz a mi manera, ya no tengo tantos ataques de nostalgia así que será verdad que, a la larga, te acostumbras a todo, incluso, a extrañar como norma y dogma. Si pudiera morirse de melancolía, durante el primer año de mi vida aquí en Madrid, hubiera tenido más de un infarto. Pero bueno, no todo son cosas malas, he conocido a gente maravillosa, he crecido, he soñado y sigo soñando con nuevas historias, he vivido, me he conocido mucho más a mí misma y mis miedos y algunas tonterías se los ha llevado la madurez.

Como decía: «no es fácil, pero merecerá la pena». Algún día, no muy lejano, volveré a estar en vuestras rutinas, contad con ello. Seguro que volveré.

Un enorme abrazo, familia.
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