«Negra por dentro, por fuera color de algodón»

Me enamoré de ella, de su capacidad para albergar, bajo los siglos, el carácter y la autoridad de una fémina fatal, me cautivó con sus blancos y sus negros, en sus claroscuros me perdí. Como en el ajedrez me enrocó y me derrocó, me exilió, me expatrió sin motivos, sólo por ser lo que ella no esperaba, ella era omnipotente, capaz de convertirme en su peón más débil o en su yegua ganadora.

Todos los que por su vida pasamos somos sus marionetas, para ella el juego no es sentencia ni condena, es rutina que es peor. Es diosa, musa y esclava a la vez, vive sin vivir, sale de noche, siempre la ves, nunca la encuentras, ella te vigila y tu apenas te das cuenta; ella se esconde cuando estás durmiendo y sale cuando el astro rey muere, ¿celebra su caída o llora su ausencia? Dicen las malas lenguas que ambos eran amantes y que ella le engañó con otro, nunca se supo si era verdad, sólo que ella llora sin consuelo. Como el primer amor de Casanova, se convirtió en prostituta y la viruela le dejó secuelas en el inmaculado rostro, cráteres que hacían que la repudiarán las demás estrellas, ahora, ella es magna, enorme, inalcanzable; tras su velo de desaire, desdén o desinterés camufla su falta de afecto y su perturbable ansia de querer, busca, acecha y pregunta sin obtener una respuesta sólida que la pueda convencer, ella muere y vive en ese orden, es la agonía y, luego, el sueño nacido del cansancio del llanto, es maga y es fulana, es madre, patria y rabia. Sueño, corazón, plomo, polvo y celos. Conquistas y destierros, anhelos y promesas, caídas de gigantes… resurrecciones de nadie.

Supo siempre y sabrá que la vida es su condena y así la ha de pagar, por no haber sabido mantener al amor de su vida, a su legítimo querer. Adiós luna. Te guardo, te velo y me velas, piérdete tras esas nieblas, piérdete en las tinieblas de tu alma, tu peor castigo, tu diablo eres tú misma cuando estás contigo. Prometo no girarme para ver qué haces, no quiero observar tu desnudez de cerca, sólo la quiero para que me ilumines cuando no sepa qué hacer.

Sal y diviértete con ellas, las estrellas son cada uno de los recuerdos que pasaste con él, vívelos despacio, reminiscencias que adolecen o que hacen crecer, pero al fin y al cabo, fugaces, etéreas que no eternas, se te desvanecen como la arena entre los dedos. Que lástima ser omnipresente y a la vez “doña nadie”, un olvido, una pregunta que nadie se acuerda de formular, eres la trampa que acaba enjaulada, atrapada en sí misma… Una sonrisa venida a mueca en el maniquí. Amiga que alguien te guarde y que tú te despojes de aquellos quereres. Yo no te olvido, pero sólo tengo que darme tiempo. Sigo cautiva de tus destellos, que cada vez siento más lejos. Sigo enamorada de ti, luna. Vivo para verte salir, siento de noche, duermo y muero un poco por las mañanas y resucito en fiestas y días de guardar porque tú me das esa fuerza, esa que cual titán me hace ser invencible y a la vez minúscula si es tu voluntad.

Cuantas noches pasarán hasta que olvides que mereces ser una más, tú estás pagando tus actos con el más caro de los precios, con mil sufrimientos impíos, pero ánimo, bella mujer, él no es más que un cielo y tú un mundo entero, sólo tienes que querer bien, el buen querer, ese que no supiste darle ni a él ni a mí, cómo iba a competir, una mortal como yo, con la fuerza de lo que “está escrito”, no puedo revelarme contra el sino, el mismo que te encogió las ganas y las agallas, fuiste débil y cobarde, amante de ruinas, constructora de paisajes fatales, el humo de tu aliento empaña el corazón de muchos infelices como yo. Déjanos libres, danos remedio, limpia tus culpas, arrepiéntete de lo hecho, no seas como eras, sé como deberías ser, apiádate de nosotros de una maldita vez, danos la libertad de la amnesia, esa de no saber que una vez coincidimos.

Búscate respuestas, date las soluciones, pero no prostituyas tu alma; si te eres fiel, te temerán o te amarán pero tendrás la cabeza alta, eso sí, no vuelvas a hacernos pecar a los que teníamos el alma blanca, no nos hagas víctimas de tu inclemencia, no podríamos volver a levantarnos.

Porque fue por eso, ¿verdad? Te vendiste al mundo porque él no era para ti. Fuiste desgraciada y te propusiste sembrar caos en corazones fértiles como venganza, si tú no podías amar, lo justo era que nadie más lo hiciera; pues, déjame decirte que lo hiciste genial, qué vendetta tan bien ejecutada. Ni en mil paredones encontraría, nadie, tanto despecho ni tanta rabia.

Bueno, te tengo que dejar, tengo que empezar a despedirme de ti, aunque sea así, aunque no me contestes, sé que cuando esta noche te mire, sabrás leerme como de costumbre. Siempre, te guardaré un trozo de mi pecho; aunque no quiera, cada latido que ahora palpita en mí, tiene el contagio vírico de lo que dejaste.

Cada vez que late muere un poco más, pero me recuerda que estuviste ahí, es una espina que se clava, pero como a todo, una termina por acostumbrarse, incluso al dolor.

Eres el ejemplo por antonomasia de eso que dicen: “los amores eternos son los más breves”, pero te consuelas porque sabes que volveréis a caer uno en el otro, porque una vez cada muchos siglos, podéis veros como en un baile, en esos eclipses que paran el mundo y te dan fuerza para seguir viva otros tantos seculares más. Esa es tu rutina, tu gloria es tu infierno.

El mío poder verlo.

luz

Espero que, pronto, llegue mi momento, en el que mi luna no esté tan alta ni mi dignidad tan baja.

Luna, hasta pronto.

“Menos «Whatsapp»… que esto es muy serio.”

Hoy, a medio día he recibido unos “whatsapp´s” extraños:

Lo primero que he pensado es, «ya están mis compañeros de trabajo, los graciosos, gastándome una “bromita” de las suyas».

Pero tras indagar toda la tarde sobre la verdadera identidad del “supuesto admirador” ninguno parecía saber nada, no lo ocultaban entre risas, sino que me aseguraban y me perjuraban con sus respectivas palabras de honor que no se trataba de ninguna obra suya. Entonces, ¿tengo que pensar que esto va en serio? «Pues parece que sí, se trata de un cortejo en toda regla», me han respondido los de mi oficina.

Vale, entonces, situémonos, ¿alguien intenta ligar conmigo por Whatsapp? Pero, ¿qué se cree que tengo 14 años y que esas son las inminentes tácticas de seducción que me harán caer a sus pies?

Venga hombre… venga HOMBRES… ¿En qué estamos pensando? ¿Qué está pasando por vuestras cabezas? ¿Acaso no sabéis analizar a vuestro objetivo y saber qué es, más o menos, lo que le puede interesar? No me creo que esa simpleza con la que se os estereotipa sea real. Me niego. No me lo creo y no me lo quiero creer. Renuncio a una pareja así: subdesarrollada, prehistórica, necia, aburrida y sin más creatividad que la que le brindan series de televisión como “Padre de Familia”.

Lo siento pero no me lo merezco, no pienso ser una monigote social a la que el agobio por el paso del tiempo le haga abandonarse al primer inepto que pase, no. Ni tampoco me subiré al tren de las oportunidades del Corte Inglés, no me sirve un producto de Outlet, quiero uno de primera, con clase, con el arte y la magia del packaging de lujo, para mí no todo vale, no lo ha valido ni lo valdrá, yo quiero alguien con duende.

Y pese a la percepción que se pueda derivar de este post, no soy excesivamente exigente, pero como dicen mis buenas amigas: “SELECCIÓN, REBECA, SELECCIÓN”, con lo que se refieren a que no todos los peces están para pescarlos; de hecho esas estrategias de “pesca de arrastre” son más propias de hombres como el zopenco que me ha escrito esto; donde todo, absolutamente todo, sí que vale.

Ardo ya en agravios porque conozco la identidad del susodicho y, en fin, lejos de cualquier comentario optimista entre nosotros, sólo diré que todos debemos sernos fieles apuntando a alguien que se encuentre dentro de nuestras posibilidades, que por mucho que los “Flavio Briatore” de este mundo se esfuercen en aparentar que no, todos conocemos cuáles son. En fin, para resumir por si alguien se ha perdido, mi admirador no es de mi quinta, ni de mi generación…sino “algo más mayor”.

Pero bueno, extraigo algo bueno de esta fatídica anécdota (aparte de bromas en el trabajo un día sí y otro también),  y es que, señores, ¿no es hora ya de que pongamos las cartas sobre la mesa? Me refiero a ambos sexos: masculino y femenino. Porque decís que no nos entendéis que somos raras, cínicas, complicadas, que nuestro comportamiento es poco normal y que muchas estamos desequilibradas… (Estos son sólo algunos de los tópicos que nos atribuís por no entrar en descalificaciones más graves…). Y nosotras también nos guardamos clichés de este estilo sobre vosotros, pero igualmente, la realidad es que…¡NOS GUSTAMOS! Esa es mi conclusión de hoy:

Os buscamos desde pequeñas gracias al Sr. Disney y a otras “perlas cinematográficas”, (como encuentre al que escribió Pretty Woman… la tenemos). Sois como un objetivo, cada vez más a largo plazo eso sí,  representáis una especie de meta social, a la que llegada una edad, todas las mujeres deberíamos haber llegado. O al menos eso pensaba yo, porque tanto vosotros como nosotras estamos en un trance hacia un sino sin precedente, no sé si a mejor o a peor, no sé si es evolución o retraso, pero igualmente algo está cambiando, y me parece que justo cuando eso sucedía yo me había levantado porque había una pausa publicitaria, y ahora que me siento frente al panorama del corazón de nuevo, detecto un papel rosa holgazán e indiscreto, entonces, me pregunto ¿habremos perdido el norte? Queríamos encontrarnos tanto y tantas veces que no sabemos ni con quien queremos estar, este sinfín de oportunidades, de idas y venidas y el miedo latente tanto a lo efímero como a lo eterno nos paraliza; nos aterran “los para siempre” pero también “los aquí y ahora” si tenemos alguna perspectiva de futuro…

En definitiva, opino que no soy nadie, para darle lecciones al mundo, y menos en este momento de mi vida en el que no concibo una vida compartida. Pero tengo algo claro que sigo y seguiré: vivamos lo que tengamos que vivir, pero siempre con la cabeza alta y el corazón puro, seámonos como digo: FIELES con nosotros mismos y sinceros con el resto. Dejémonos llevar tanto como nos podamos permitir, pero sepamos siempre, por favor, dónde tenemos el norte.

Cánsate buscando soluciones, si te quedas con la primera opción nunca sabrás hasta dónde hubieras podido llegar.

Recuerda, lo que tenga que venir vendrá, búscalo sin descanso donde y en quien quieras, no te digo que será fácil… te digo que merecerá la pena.