Y pasó, lo que tenía que pasar… LA VIDA

Así que iba en serio, la vida era esto:

Crecer, decir adiós a muchos sueños en busca de otros, levantarse a las seis y media de la mañana sin que haya un dios que te ayude por madrugar tanto.
Mi reino por unas horas de sueño o por una tregua con el despertador, cinco minutos más por favor, mamá. Ah, no, ya no. No vivo con mis padres, ya no tengo la burbuja con la que me cubría mi madre cada hora del día, ya no me despierto con olor a café, gritos matutinos… ah, ¡qué tiempos aquellos! Sí, tengo total autonomía, pero ya no me despierto con aroma protector ni apelativos cariñosos, aquí nadie me llama Eca, aquí me llaman por mi nombre pero sin tanto amor.

“No es fácil, pero merecerá la pena”. Es lo que me digo siempre para seguir en pie y, joder, ¡qué duro es! Confieso que, a veces, cuando conduzco, se me pasa por la cabeza la idea de conducir 3 horas más hasta mi casa, dejarlo todo y volver, pienso: son sólo 350 km., venga si quisieras podrías hacerlo, recuperar un trocito de mi vida de antes, pero entonces la conciencia, mi voluntad o mi impía responsabilidad interviene y me convence: «no lo pienses, recapacita, no has llegado hasta aquí para retroceder ahora», porque si no ¿de qué vale tanto esfuerzo? ¿Para qué estos 2 años dando lo mejor de mí? «Sí, tengo razón, mejor tiro la toalla otro día…» y aún no sé cómo no lo he hecho.

De vez en cuando, tengo verdadero pánico, de ese que te quita el sueño y las fuerzas, me dan ataques de nostalgia, he llorado muchas veces por no dormir una noche más en casa, añoro tanto algunas partes de mi exvida con mi gente, que me entran dudas sobre si las cosas saldrán como espero o si todo esto no servirá cuando el día de mañana eche la vista hacia atrás. Pero me justifico, tengo que hacerlo, quiero verlo como una inversión en mí misma, estar tan lejos de la gente que me importa, es un precio demasiado alto para el maldito largo plazo que me espera. No valgo para estar sin cada uno de vosotros, soy consciente de que me estoy perdiendo grandes momentos de vuestras vidas y también lo importante, el día a día, vuestras caídas, vuestros éxitos, amores y desamores, roces rutinarios o logros esporádicos. Nos vemos, me los contáis, pero no es lo mismo, sois como una película, lo que me decís no lo he vivido en primera persona como hacía cuando estaba a quince minutos de todo, estos 350 km. me matan. Estoy lejos de lo que me importa en pro de llegar a ser importante, un sueño o una locura, quién sabe dónde acabarán todos estos madrugones.
En fin, no quiero preocupar a nadie, no es para tanto, debe ser que hoy me acuerdo mucho de todos y que os echo de menos para no olvidaros, pero no estoy mal, soy feliz a mi manera, ya no tengo tantos ataques de nostalgia así que será verdad que, a la larga, te acostumbras a todo, incluso, a extrañar como norma y dogma. Si pudiera morirse de melancolía, durante el primer año de mi vida aquí en Madrid, hubiera tenido más de un infarto. Pero bueno, no todo son cosas malas, he conocido a gente maravillosa, he crecido, he soñado y sigo soñando con nuevas historias, he vivido, me he conocido mucho más a mí misma y mis miedos y algunas tonterías se los ha llevado la madurez.

Como decía: «no es fácil, pero merecerá la pena». Algún día, no muy lejano, volveré a estar en vuestras rutinas, contad con ello. Seguro que volveré.

Un enorme abrazo, familia.
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Maneras de vivir

Cuando la vio pensó que no era real,

y, que tanto estupefaciente, no era lo ideal.

¿Acaso había perdido la razón?

Porque ahora sí, se había vuelto loco de amor.

Ella tenía esa clase de sonrisa,

la que si la miras te hipnotiza,

la que, automáticamente, te quita el miedo.

Ya sabes, esa que te hace olvidar todos tus infiernos.

Ella, ella, ella… era la musa que estaba esperando,

quien le sacaría de la mierda por la que estaba pasando.

La inspiración vestida con pantalones cortos,

capaz de matar monstruos ajenos y propios.

Aquel día se cruzaron tan sólo un instante,

él ya estaba y ella venía para luego marcharse.

Ella pidió café para llevar

y él no quería dejarla escapar.

Ahora no, ya no, porque la había encontrado.

Él se levantó deprisa aún con tinta en las manos,

No sabía qué decirle a aquella chica,

fuera lo que fuera, sería para toda la vida.

Tenía tantas dudas en la voz

que le temblaron los labios.

Le habló primero a la camarera,

era su táctica para atraer la atención de ella.

Discreto, pagó, le sonrió y volvió a sentarse,

ella le miró sin detenerse pero con gesto amable.

Luego se fue, con aire despreocupado,

él se quedó mirando el nombre que había anotado.

-“Malena Almas”, Universidad Complutense de Madrid-,

mientras ella no miraba, él buscó un punto del que partir.

Su carpeta le dijo las respuestas,

pronto sabrían de qué preguntas.

chica camiseta de rayas

Comprendió porqué Malena era nombre de tango

y sopesó la idea de que él no fuera de su rango,

Que no se la mereciera o que a ella no le gustara

Pero tenía que intentarlo, pasara lo que pasara.

La buscó en Facebook y en todas las redes sociales,

viernes, sábado, domingo, lunes y martes…

No la encontró, hasta que una dirección de correo

le abrió nuevas puertas a nuestro Romeo.

Era profesora de literatura,

adicta al aprendizaje continuo y a la cultura.

La cafetería en la que se conocieron

era un estratégico punto de encuentro.

Se encontraba entre la universidad y su casa,

el denominador común de ambos en un mapa.

Él fue allí todas las tardes, cada día más tiempo.

Ella flirteaba en los desayunos con aquel desconcierto.

Poco a poco fueron buenos conocidos

 y, de eso, pasaron al “algo más” de los amigos.

Ella no sabía qué pero había algo en él

que la hacia feliz… infinitamente.

Él sabía la suerte que tenía,

lo mucho que la quería,

y no pudo más que prometerse

que la cuidaría cada día sin perderse.

No miraría a nadie más ni lo arriesgaría todo,

sería bueno, dejaría el ron, las mujeres y los porros.

Volvería a escribir, había vuelto a sentir.

Ella, ella eran las ganas de vivir.